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DOLOROSA PATADA EN LOS HUEVOS
Claro, ya sé qué es lo que pasa… Ya comprendo: no tengo la edad adecuada para ver las películas de “La Guerra de las Galaxias”. ¡Qué error más tonto! ¡Cómo voy a verlas ahora, con 24 años! No; tendría que haberla visto hace 20 años, más o menos.
Pero… ¿un momento? ¿Esta no es la misma saga de la que hablan tíos de 40 años, que coleccionan miniaturas y que en carnaval se adornan con esa máscara negra morruda y grotesca? ¿No es la misma saga que ponen por las nubes incontables cantidades de freakys que han sobrepasado de sobra el primer lustro de vida? Sí… Algo anda mal aquí.
Me cuesta mucho describir la tortura que significó para mí el visionado de este bodrio patatero de tres al cuarto. Muchos de esos mismos freakys me aseguraban que este episodio era el mejor de todos, y les agradezco la información, porque ahora ya qué esperar de los otros. Supongo que, aunque sufra lo indecible, los veré, aunque sea para ponerlos a caldo en esta nuestra querida web. ¡Vaya mierda de espectáculo galáctico! Absurda, interminable, repelente en cada fotograma, pelotuda en cada escena de heroísmo fantoche, estúpida desde el planteo de la lucha del bien contra el mal.
Mientras esta infumable proyección pasaba ante mis ojos, creí pasar por todas esas fases que conducen al llamado “reverso tenebroso”. La ira lleva al odio, y no sé cómo sigue, pero al final se acaba en el lado oscuro, es decir, cagándome en Lucas y en todos los fans que lo encumbraron hasta donde está.
Pocas veces en mi vida me había topado con una panda de personajes tan insoportables como en este episodio nefasto. El que peor me cae está claro que es Chewbacca (¿hace falta que lo hagan gemir todo el tiempo como si fuera un orangután empalado?). El careto de Harrison Ford me saca de quicio desde que aparece, y el enano verde orejudo fue ya el colmo. El único que mola un poco es el Vader, pero tampoco es nada del otro mundo. La princesa Leia estaba un poco más maciza en el episodio anterior, con las ensaimadas en el peinado; ahora perdió algunos kilos y está de lo más sosa.
Para colmo, cuando me alivié porque el personaje de Guinness apareciera sólo un rato, nos colan a ese emperador, que es una versión de Benedicto XVI en el lado oscuro.
Lo único que salva a este mamarracho (lo siento, no puedo llamarla película) de la nota más baja son los efectos especiales, que son casi perfectos y excepcionales para la época, y también la banda sonora, pero nada más. El resto, como ya dejé de manifiesto en mi crítica del Episodio IV, me parece el proyecto de ciencia ficción más absurdo y pelotudo de la historia del cine.
INFUMABLE PORQUERÍA GALÁCTICA (aunque no la dirija Lucas). Tortura inquisidora para los verdaderos amantes del cine.
LO MEJOR: Los efectos especiales y la wagneriana marcha imperial. Sirve como infalible somnífero e, incluso, como instrumento de maligna comicidad (me he reído bastante de lo mala que es).
LO PEOR: Que todavía haya 4 episodios más.
LEANDRO PINTO 
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