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El bosque del tedio
Ese título no es mío. Es un himno espetado por las masas en la sesión de filmoteca de mi ciudad, donde entramos esperando una revelación existencial y salimos implorando por una guillotina.Pero no voy a ser del todo demagógico y voy a explicar el por qué de mis lamentos.
Tenemos a Machiko, trabajadora en una residencia que ha perdido un hijo, y tenemos a Shigeki, anciano que perdió a su mujer.Son dos personajes atormentados que se encuentran en distintas fases del dolor: una es jóven y lamenta la reciente pérdida desde la cordura, y otro es mayor y ha llegado a límites de introspección que pueden hacernos dudar sobre su salud mental. Hasta aquí, el juego que aparentemente puede dar su relación es más que atractivo, y la belleza de las imágenes parece salvar la lentitud del metraje inicial hacia una verdadera relación terapéutica.
Pero aquí comienza el tedio: ambos se adentran en el bosque del luto, en el que tradicionalmente se llora a los muertos, y de el cual ambos no querrán salir para poder expresar su dolor. Para ello la directora se sirve de un nuevo personaje: La propia naturaleza. Un personaje que cuando es captado por el espectador no requiere más presentación, pero el problema es que aún le quedan 45 minutos de metraje, y tanto la naturaleza, como Machiko, como Shagaki, no saben comunicar su relación al espectador, al que sumen en un estado de somnolencia, de sopor, y por tanto, de desconexión emocional. Por aquí,y llámenme glorificador del cine de palomitas, yo no paso. ¡Yo, un amante de Lost in translation!.¡Yo, que juré nunca darle la razón a Javier Cortijo, crítico del ABC, habré de a citarle(aunque,todo sea dicho, el hablaba de otra película), para resumir mi opinión!: "Coñazo. Y que me cuelguen de los pulgares los apóstoles del poscine y la madre que los parió."
Slicker 
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