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La piel, la piel...
La habitación azul, náufraga del clamor de la calle, cuyas paredes maceran sudor, semen y piel.
La piel, la piel…
Es sólo eso, nada más. Un momento y un lugar irrepetible, entregado y concupiscente.
“Eres una niña, sólo una niña”.
Tal vez un momento de auténtico deseo exclusivo. Tal vez no hay más que eso.
Tal vez esa entrega carnal sólo sea concebible con una joven, descuidada de enamoramientos y complicaciones, inexperta y deseosa. Demasiado joven para ataduras; lo bastante madura para desbordar sexo.
Pero, cuidado. Luego sufres.
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