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Bendita niña
Me sorprende que haya gente que opine que "Little Miss Sunshine" es una mala copia de cine indie y que acaba perdiendo su espíritu indie siendo una americanada como otra cualquiera. Esto a mi me suena más a excusa que a otra cosa, igual si no hubiera tenido tanto éxito ni hubiera gustado tanto dirían otra cosa. Más que probable, es seguro. Y hay casos como el de esta película en el que la hayan visto 3.000 personas o quince, sea indie o haya costado 200 millones, para nada debería importar, pues es su vitalista mensaje lo que la aleja de todo tipo de convencionalismos. "Little Miss Sunshine" es todo un canto a la diferencia, al ser uno mismo y no tener complejos, al saber disfrutar de nuestras limitaciones y aprovecharlas, es un canto a la vida. Además de una comedía cínica de la hostia con un reparto de lujo, que emociona y saca lo más bonito de todos nosotros.
La galería de personajes que forma la disparatada familia protagonista es excelente. Mezcla perfectamente lo cómico con lo dramático, lo freak con lo cotidiano, lo absurdo con lo profundo.
Incansable e infatigable madre que no exenta de sufrimiento consigue mantener unida a la familia; el padre que se encuentra en la búsqueda constante de ese éxito que nunca llega porque no había mirado en el sitio correcto; el abuelo disfrutando sus últimas caladas de vida, su naturalidad es admirable; el tío con tendendencias suicidas se siente rechazado, su trabajo y su relación se han ido al garete por su timidez, su cobardía y sus complejos; el hijo aislándose en su mundo, no habla con nadie, se siente extraño y sólo desea lograr su sueño, sueño que a la postre le resulta imposible y le abre las puertas del mundo real; y esa niña, bendita niña. Es todo dulzura, encanto, alegría, ingenuidad, amor, felicidad... para ser feliz sólo hace falta mirarla a la cara. Ella cambia a su familia, nos cambia a todos.
La huída del hospital me recordó enormemente a Los Simpsons, nunca había visto algo que con personajes de carne y hueso se acercase tanto al cinismo que muestran los de amarillo. Y es que estos tambien van de amarillo. La última media hora en él certamen me parece todo un prodigio de hilaridad y sentimentalismo, y es que acaba la película y sales con una sonrisa de oreja a oreja y lleno de felicidad.
Como he leído aquí el final en el certamen de belleza no es solamente una crítica a esos deplorables concursos, que tambien, sino que por medio de esas niñas pintadas hasta las cejas que parecen más barbies de metro y pico que personas se critica duramente a la superficialidad en la que estamos sumergidos, la primacía de la estética sobre el interior, la constante búsqueda de falsos ídolos por tal de buscar el éxito en la vida en algo tan nimio como puede de ser un concurso de belleza, algo por lo que muchos harían cualquier cosa, cuando lo realmente importante son otras cosas que no se miden ni se medirán en premios ni en trofeos.
antonio1004
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