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Una película casi perfecta
Voy a ser pelín duro en mi crítica a “Los Puentes de Madison”. Me duele porque sin duda está en mi “top five” de películas favoritas, y nunca es fácil buscar aspectos negativos en una película por la que uno siente un cariño especial. Vaya por delante que considero a Clint Eastwood uno de los pocos directores con talento que aún quedan (y lo demuestra con cada nueva obra). Sin embargo, es una pena que una historia con tanta fuerza se diluyera en la escritura del guión. Para mí, la película tiene un problema fundamental: la historia paralela de los hijos de Francesca. Creo que esas interrupciones que nos devuelven al momento presente, hacen que la historia pierda fluidez, alterando su ritmo natural. Es como si te sacaran de golpe de una hipnosis para volver a hipnotizarte instantes después, más teniendo en cuenta que son momentos que no aportan nada a la historia y que lo que realmente interesa está en el “flashback”. Considero que “Los Puentes de Madison” habría sido una película redonda simplemente si esas secuencias se hubiesen quedado en la sala de montaje. También es una pena que en la escena más bella de la película (la del último encuentro bajo la lluvia) tengamos que oir la voz en off de Meryl Streep narrándonos exactamente aquello que ya estamos viendo. Es curioso porque no escuché esa voz hasta la tercera o cuarta vez que ví la película, debido supongo a la intensidad emocional de ese momento.
Por lo demás, creo que “Los Puentes de Madison” es una gran película, contada con una elegancia y una sensibilidad exquisitas, en la que Meryl Streep hace la interpretación de su vida. Me atrevería a decir que la mejor interpretación que yo he visto de una actriz en una película. Así que seguiré viéndola como hasta ahora, al menos una vez al año, y me seguirá dejando ese poso de tristeza que siempre me deja. Tristeza también por lo sublime que podría haber llegado a ser, pero sobre todo por la hermosa historia que cuenta.
kinjarris 
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