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Tiempos Inocentes
La oleada de musicales de los últimos años no para y la cartelera de Broadway está lejos de agotarse. Ahora le toca el turno a esta “kitch” historia que habla sobre muchas cosas pero deja la mayoría a medias. Es decir, trata de abarcar los conflictos sociales y raciales de la sociedad estadounidense de los 60 - 70, el fenómeno mediático, la televisión como catalizador de nuestras nuevas ambiciones (apenas hacía diez años que había aparecido) y la aceptación de uno mismo. Lo que podría ser un verdadero directorio de dramas y tragedias se transforma aquí sin embargo en una comedia blanca que si bien no banaliza sobre todos estos temas, tampoco los profundiza.
Dejando a un lado este pero, Hairspray da lo que promete: un entretenimiento de lujo al más puro estilo Hollywood, de imparable ritmo que consigue aquello esencial en los musicales: que las escenas musicales hagan avanzar la historia, no que la corte y paralice; y buena banda sonora (aunque puede resultar demasiado apabullante en algunos momentos). El diseño de producción y las coreografías dan lo que el inepto de Shankman no sabe dar (con los antecedentes de Se Montó La Gorda o Doce fuera de casa poco cabía esperar). Pero las verdaderas estrellas de Hairspray son los actores, que consiguen, todos ellos, momentos inolvidables dentro del género, pese a que, en mayoría salen ganando el grupo de los jóvenes, entre los que Nikki Blonsky se esfuerza por darle algo de profundidad a su irritante personaje (de una unidimensionalidad pura), Zac Efron se quita - un poco – esa imagen repelente que tiene y muestra su indudable talento, Amanda Bynes resulta completamente desternillante, Elijah Kelley se revela como un auténtico descubrimiento y James Mardsen da rienda suelta, una vez más, a su profesionalidad, cantando, bailando y actuando como pocos de su generación hacen (como ya hizo en Ally McBeal o El diario de Noah).
Entre los actores más veteranos hay un acierto más desigual en las composiciones, ya que, sin ofender a nadie, Travolta no actúa, se disfraza, se divierte, y ya está, y Christopher Walken está algo pasado de vueltas. Allison Janney de nuevo demuestra que es una de las mejores secundarias del cine de hoy, Queen Latifah compone el mejor momento, la mejor canción y la mayor sinceridad de la cinta con su número "I Know Where I've Been", y Michelle Pfeiffer vuelve al cine por la puerta grande (y tan escultural y buena actriz como siempre fue) como contrapunto malvado de esta bienintencionada historia que muestra el lado puro, bueno y sincero del amor y los sueños, pero en general no arriesga en lo más mínimo ni trata de innovar. Lo que por otro lado no es nada reprochable.
jaly 
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