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Deje de inundarnos, señor Emmerich
Empezamos a estar hartos de Ronald Emmerich. Salvando "Stargate" y "El patriota", sus insulsos y carísimos productos comerciales son los más obvios del cine americano, y si no, prueben a ver (si no las han visto todavía) la asquerosamente patriótica invasión alienígena "Independence day", con Will Smith salvando el mundo o el párque jurásico de pacotilla que fue "Godzilla". Aquí, en "El día de mañana", Emmerich sigue empeñado en cargarse con muchos fuegos artificiales el globo terráqueo, poner de nuevo a los americanos como sufridos héroes y embolsarse dinero fácil en taquilla.
En lo que podía definirse un cruce ñoño entre "Twister" y "Titanic", pero sin emoción, el director pone un gran despliegue de medios en pantalla para narrar la odisea de un padre que va en busca de su hijo en medio de un cambio climático que ha producido que la mayor parte de la tierra se congele y sufra los mayores azotes de la naturaleza: una nueva Edad de hielo. Ese es el argumento de la más aburrida "película de catástrofes" vista en mucho tiempo, peor aún que las recientes "Volcano" o "Deep impact". Los personajes son infantiles, sin alma ni carácter, el ritmo es lento y la acción nula de emoción. Después de la primera hora (lo de siempre, como se prepara el mundo y las altas esferas para lo que se les viene encima) previsible pero no molesta, la segunda mitad de la película es un almibarado drama supuestamente heróico y de sacrificio que no conecta con el espectador, y por ello resulta cansino y artificial. Ni la trama de supervivencia de los encerrados en la biblioteca protegiéndose del frío, ni la del viaje del padre a Manhattan para intentar encontrar a su retoño con vida interesan lo más mínimo, y, puesto que es lo único que hay, ayudan a que el espectador se duerma.
Por supuesto, y no como la parte dramática, la parte espectacular pasa con un sobresaliente: a Emmerich se le da fenomenal intrigar antes y durante el destrozo, y los minutos en los que tornados, granizos gigantescos y olas que se llevan por delante ciudades son, de lejos, lo mejor y lo más vistoso del filme, junto con el aliciente del protagonismo de Dennis Quaid, un actor que llevaba bastante tiempo a la sombra y que aquí cumple. El resto es un despropósito aún más falso, tópico y artificial que los otros intentos de destrozar la Tierra de Ronald Emmerich que, encima, esconde un mensaje no muy solidario que ensalza la reseña del "sálvese el que pueda" a la hora de hacer frente a una catástrofe de tal magnitud para la humanidad.
Vincent 
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