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Las despedidas.
Saraband es la última y depurada obra maestra de Bergman, una obra íntima, inmensa, dolorosa e inevitablemente atada a los fantasmas del pasado.
Bergman siempre fue un exibicionista, un perturbador estudioso de su alma torturada, un ególatra de las palabras envenenadas.
Saraband bucea en los recuerdos, en su interior se esconde una serena mirada, una espera, una caricia envuelta de reproche, un sentimiento eternamente fugaz. El cine no será lo mismo sin ese genio sueco que cruzó la frontera que separa la realidad de lo imaginado, para adentrarse en el mundo de lo sensitivo, sin abandonar nunca la razón y su obsesiva busqueda del otro.
Ingmar Bergman fue un artista de su tiempo y también un visionario, un hombre ilustrado pero no un pesado como muchos creen, su cine es místico y reflexivo, pero tambíen sensual y narrativamente perfecto.
En Saraband está lo mejor de su cine, el reencuentro con dos de sus personajes más célebres, pero el verdadero peso de la historia recae en otros personajes, los de un padre y una hija que se aman, se necesitan, y caminan de la mano hacia el precipicio del abandono.
El cine de Bergman es la vida, y esta siempre se cuela por las rendijas, por los poros. La muerte no existe, sólo perdura el silencio.
vogler 
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