|
Ciudadano Quinlan.
Decir que la composición de Sed de mal es una de las más revolucionarias de la historia del cine es ya como decir que la lluvia cae de las nubes. Cumbre del cine negro, una de las cumbres de Welles, puesto 42 según el de John Kobal, la película con el travelling más famoso (y eso que el mismo Welles afirmaba que existía otro mucho más complejo en la película), los adjetivos se quedan cortos: Sed de mal es además una obra de personajes oscuros, agrios, irónicos y fantásticos, y es una historia difícil sobre la redención, sobre el ser humano y sobre el fracaso. Con evidentes paralelismos con su personaje más conocido, Welles se reserva el papel de Quinlan, un corrupto jefe de policía que, del mismo modo que Kane, confunde la verdad con su verdad (allí la información, aquí la justicia). Un tirano clásico, pero también matizado a niveles de impresión: la Dietrich diciéndole que se pasa con las chocolatinas es una escena apabullante. El mismo Welles afirmaba que lo que más le interesaba de Sed de mal era la traición que rodea a este personaje: primero la traición por parte de los demas, luego su propia traición como ser humano. Un magnífico –sí lo era- Heston completa el eje central de la película ( El mejor hombre para trabajar con él que jamás existió en el cine, dijo Welles), que es el héroe clásico, inquebrantable. Y si bien la actuación de Universal es lo único que empaña Sed de mal (tomó el control de la película arrebatándole su sentido original, hasta que en 1998 el propio Heston procedió a su restauración-, estamos sin duda ante una de las grandes obras maestras del cine, un proyecto impagable que cincuenta años después sigue manteniendo intacta su fuerza.
bela lugosi ha muerto 
|