El poder de la palabra supera cualquier otro efecto en las dos inspiradísimas horas de genialidad made in Aristarain. En un cine acostumbrado a la tiranía de lo visual, el director argentino crea una película con un argumento secundario, para verter en la misma sus opiniones de la vida, de boca de cuatro actores que completan la mejor interpretación de sus carreras. Aunque se antoja muy complicado destacar a alguno de ellos, habría de quedarme con Esebio Poncela, el más camaleónico del cuarteto protagonista. Su papel como Dante supera todas las expectativas posibles, y le elevan al Olimpo de actores capaces de hacer algo diferente, de transmitir sensaciones contradictorias y crear una conexión con el espectador, extraordinariamente complicada. Pelicula de culto, imperecedera e imprescindible para los amantes de las conversaciones filósoficas a altas horas de la madrugada, esa es una de las razones del "asesino difuso" para seguir viviendo. Al decálogo escrito por Martín (Luppi) para su hijo habría de añadir una undécima motivación. No querer morirte sin haber victo una vez más Martín (Hache).
spoiler:
La frase de "Los fachos son unos grandísimos hijos de puta, pero hay que reconocerles una casa, saben trabajar a largo plazo", la actuación de Dante en el teatro, o el monólogo sobre la nostalgia tanguera, los silbidos y los tejados de Buenos Aires son varias de las perlas que Aristarain nos regala en su Obra maestra.