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Todo fluye
La magia de una película, en ocasiones, no se da en una escena específica, sino en los intersticios entre escenas. Cuando un personaje espera a otro, o cuando nos hace creer el director que en verdad espera.
Mover a una cantidad de personajes en un pequeño espacio, sin caer en reiteraciones, sin restarle expresividad a ninguno de ellos, sólo puede hacerlo un artista.
Mozart decía que la Opera era el único lugar donde 20 personas podían hablar al mismo tiempo sin interrumpirse u obstaculizarse entre sí. Yo diría que eso sólo ocurre en las Operas de Mozart. Lubitsch es el Mozart del cine, este arte tan joven y aún tan futuro.
El Stewart tan teatral de Capra y el Stewart tan tozudo de Hitchcoock se transforma en el Stewart equilibrado de Lubitsch, en una película que posee la misma estructura de tantas, pero la cosa es que cuando Mozart toma la batuta...Los mismos temas de los compositores melosos de su época, él los hacía brillar como el oro. Por eso era el Mago, pues la magia no está en el espectáculo, sino en la sumatoria de los mínimos e intrascendentes detalles que hacen único un ambiente, una persona, un plano, una situación.
Pues, como dijera el Padre Fundador del Opus Dei:
"Insisto: en la sencillez de tu labor ordinaria, en los detalles monótonos de cada día, has de descubrir el secreto —para tantos escondido— de la grandeza y de la novedad: el Amor."
(Surco, Aforismo No. 489)
Karlés Llord 
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