Francis Ford Coppola y Mario Puzo lograron la mayor hazaña del cine moderno al emprender la secuela de una de las mejores películas de todos los tiempos: no solo no defraudaron sino que lograron una película que en conjunto es superior a su precedente.
La apuesta era arriesgadísima ya que pretendía ser al mismo tiempo una continuación y una precuela narrando la juventud del gran Vito Corleone. Marlon Brando no siguió y se dejaba todo el peso del film a un Al Pacino todavía principiante a pesar de su magistral caracterización de la primera parte. Tampoco se contaba con la participación de Richard Castellano y su importantísimo papel de Clemenza.
El perfecto guión de "El Padrino" era difícil de superar y parecía que la historia estaba cerrada tras acabar el nuevo Don con sus enemigos.
Sin embargo, Coppola y Puzzo lograron lo imposible, demostrando su enorme talento.
La trama de Vito joven es tan memorable como memorable es el sucesor de Marlon Brando: Robert de Niro realiza una interpretación magistral, a la altura de la de Brando, copiando incluso sus gestos y tono de voz. La baja de Castellano se disimuló con muy buen criterio siendo sustituido por un Michael V. Gazzo que recibió una nominación al Oscar por su divertido papel de Pentangelli. Los demás actores principales repitieron sus papeles.
Se escribió un guión muy rico y complejo que se centraba más en los sentimientos de los fabulosos personajes que en sus violentas acciones: a principios del siglo XX un joven Vito se abre paso en el crimen organizado de Nueva York, forjando su gran imperio criminal a base de inteligencia y extorsión. Cuarenta años después, su hijo Michael, heredero del legado criminal, es testigo de como su aumento de poder va ligado a su distanciamiento familiar, con el agravio de la posible traición de uno de sus seres queridos y de su intento de asesinato por parte de uno de los más antiguos socios de su padre (grandioso Lee Strasberg). La historia de los origenes del imperio Corleone es compatible a la de la decadencia de su hijo y sirve para analizar paralelamente la antagonía de los dos Padrinos.
Al Pacino logra superarse en su interpretación de Michael, logrando su personaje más complejo en el papel del frío y temible Don aparentemente sin sentimientos pero que arrastrará un complejo de culpa que culminará en el final de la excelente tercera parte. Pacino no necesita exagerar para hacer creíble su personaje: bastan su mirada y sus gestos para transmitir emociones. La Academia de Hollywood hizo uno de sus ridículos más sonados al no premiarle con el Oscar por ninguna de las tres películas de la saga.
El resto del reparto están perfectos, destacando un John Cazale con un papel mucho más relevante que en la primera entrega y cuya relación con Pacino eleva el drama a unas cotas trágicas insuperables.
"El Padrino II" es la perfección en el mundo del cine, es una película irreprochable y magistral, que compone la mejor saga jamás creada.
spoiler:
Entre los mejores momentos están los referidos a la compleja personalidad de Michael y a la relación con su hermano, el atormentado y noble Fredo que no puede soportar como el pequeño de la familia cuida de él, desencadenando la tragedia y logrando una de las muertes más terribles de la historia del cine: mientras perdona con un abrazo a Fredo, Michael le ordena a su matón con tan solo una mirada escalofriante que ejecute a su hermano, algo que no parece aprobar ni el propio verdugo.
El final con un Michael Corleone solo en el patio de su casa y recordando los buenos tiempos de la familia (parecido al soberbio final de "El Padrino III") es la culminación de una película perfecta.