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Demasiado perfecto para ser verdad, había gato encerrado.
Esto es rivalidad y no el Madrid-Barcelona o Alonso-Hamilton.
Maravilloso pulso de tú a tú entre Jackman y Bale. Para mí tablas. Durante más de 2 horas se convierten en encarnizados rivales, colmatados de culpabilidad, rencor, envidia, agresividad… en definitiva odio. Un enfrentamiento sin piedad que trasciende más allá de la búsqueda de la supremacía profesional hábilmente conducido por Nolan, provocando continuamente en el espectador ese deporte que tanto gusta en mi casa, el “verás como ahora éste hace esto” o “ a que al final resulta que tal”. Tensión continua, concentración sin respiros, como cuando escuchas el silbido de un cohete y te quedas esperando la explosión.
Despliegue de facultades de los dos protagonistas, brillantes, más aún cuando se acompañan del potente destello de un Michael Caine, magistral, que lo llena todo y una Scarlett Johansson a la que van a tener que guardarle 8 Km. de acera en el Paseo de la Fama, porque para ser perfecta solo le falta vivir en mi bloque. Y no me olvido de Bowie, totalmente creible, encarnando a ese misterioso, casi sobrehumano científico ermitaño, excéntrico visionario que provoca admiración y desconfianza a partes iguales.
Con absoluta limpieza y coherencia el guión te salta de un personaje a otro, de una situación a otra, de un momento de la historia a otro, de forma que se hace fácil seguir las distintas tramas que plantea.
El ambiente recreado de finales del XIX en Londres es casi tan mágico como cualquiera de los trucos que aparecen en los igualmente embaucadores teatros y teatrillos donde estos se desarrollan.
Y le doy un 7 y no más… ¿por qué? Resulta que para hacer un agujero en una pared tienes que tener cuidado de no traspasar hasta la otra habitación ¿verdad?, pues al final, para mi gusto la película tiene una vuelta de broca de más. Lástima, podían haber colgado un 8.
andy dufresne 
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