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UN FUTURO NO TAN LEJANO
Año 2027, tras la destrucción atómica de nuestro planeta, Londres se erige en único bastión posible de convivencia. Pero la desaparición de la raza humana es sólo cuestión de tiempo: una plaga de tintes apocalípticos ha convertido a las mujeres en estériles. Mientras el terrorismo se disfraza de guerrilla ecológica convirtiéndose en el único defensor de inmigrantes, parados, enfermos y hambrientos, el caos y la inmundicia conforman el estado natural de la ciudadanía, a salvo de la violencia sólo cuando se refugia bajo el discurso institucional, fascista y neoconservador con el que el gobierno pretende regir sus vidas. La desesperanza, el conformismo y el miedo se dan la mano para taparse los ojos de la conciencia.
Con este contexto, sacado de una novela de P.D. James, el mexicano Alfonso Cuarón, director de la extraordinaria road movie Y tu mamá también, realiza su mejor película desde que desembarcó en Hollywood. Emparentada con una ciencia-ficción (2001, Fahrenheit 451, 1984, Código 46, V de Vendetta, La guerra de los mundos, Terminator…) cuyo origen podría remontarse a la literatura de Julio Verne, narra sin destellos una odisea que abruma por su incierta y tenebrosa clarividencia. El trazo hiperrealista y profético con que ambienta el fatalismo de su fango (un uso de la steadycam sólo al alcance de muy pocos) le sirve fundamentalmente para dos cosas: pintar un cuadro desolador de nosotros mismos que no dista mucho del actual, y reivindicar el viaje como única vía de rescate y reencuentro espirituales. El antihéroe forzado en que se convierte el burócrata Clive Owen no dista mucho del humanista que todo espectador llevamos dentro.
Tal vez la mesiánica historia del milagro de una embarazada no aguante la comparación con su envoltorio y se diluya a cuentagotas. Pero al fin y al cabo, ésta no es más que un perfecto mcguffin del que se vale Cuarón para construir un cine tan hipnotizante, como raro y necesario en nuestros días. Con un logrado y opresivo equilibrio entre mensaje y espectáculo, Hijos de los hombres acaba convirtiéndose en una crónica de terror que interpela y evoca con la intensidad y la pureza del cine eterno la evocación de nuestro compromiso más humano.
La Maga 
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