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Ojalá puedas estar media hora en el cielo... antes que el diablo sepa que has muerto.
Con este título (y antetítulo) comienza la última película hasta la fecha de Sidney Lumet, protagonizada en los papeles principales por un gran Philip Seymour Hoffman, un algo descafeinado Ethan Hawke, un magistral Albert Finney y la sensual presencia en pantalla de Marisa Tomei. Una forma y fondo que a priori apuntaban muy alto, y que podían haber hecho de ésta una obra maestra, que se queda sólo en una buena película.
El principal fallo que le veo es que o bien le falta ritmo, o bien le sobra metraje. Como considero que todo lo que se cuenta es necesario para llegar a ese apoteósico, trágico y descorazonador final, cabría reprochar a Lumet que se deja llevar un poco por la densidad del argumento y no lo encaja del todo bien, lo que se salda con ciertas partes que se hacen largas en extremo, que rompen y detienen un poco la urgencia que debería tener un filme de estas características. Algo, no obstante, que no debería empañar el resto de la cinta, que cuenta con escenas de auténtica brillantez.
Hoffman y Hawke son dos hermanos en apuros económicos que deciden atracar la joyería de sus padres para salir de sus respectivos baches. Un desafortunado error les hace replantearse sus vidas y provoca una conmoción en la familia que se convierte en la verdadera trama del relato. Lumet utiliza aquí ese robo a la joyería como McGuffin de la película, que, como buena herramienta inventada por el maestro Hitchcock, si bien repercute en todo lo que ocurre a continuación, queda algo olvidado en pos de la trama familiar.
Un robo también punto de referencia a los continuos saltos al pasado y al futuro inmediatos al suceso. Estos avances y retrocesos en el tiempo son otro punto algo negativo de la cinta. Si al comienzo actúan como un recurso inteligente y bien aprovechado, al final se hace un uso desmesurado de ellos, lo que contribuye a difuminar el filme en el tiempo y el espacio y desligándolo ligeramente de la cohesión narrativa que éste necesitaría.
Una trama que se sustenta en tres inmensos actores: Hoffman, Finney y Hawke (quedando este último algo inferior frente a sus compañeros), que componen una tragedia griega en que la caída del héroe hace mella en todos y cada uno de ellos. A destacar dos escenas: la primera, aquella en que el padre pide perdón a su hijo mayor por no haber estado ahí para él, y éste (Hoffman), aún sabiendo que la reciente muerte de su madre es culpa suya, hace lo propio con una frialdad extrema. La segunda, con Hoffman también, lo muestra asesinando a sangre fría a un tipo casualmente parecido a él, metáfora del fracaso reconocido del héroe y su descenso a los infiernos, con la esperanza de que el diablo aún no sepa que ha muerto.
-sigue en spoiler sin desvelar nada-
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Con varias escenas genialmente rodadas y ejecutadas, un guión que peca en exceso de lentitud en ciertos momentos y unos intérpretes a la altura de las circunstancias, este "Antes que el diablo sepa que has muerto" se erige como una propuesta más que interesante del director, que lamentablemente se queda sólo en eso (sigue siendo una de las opciones más recomendables de la cartelera). Lumet sabe que el cine no es sólo un mero pasatiempo, sino una forma más de expresión, un modo de hacernos pensar y reflexionar sobre lo que vemos en la pantalla.
Y sin desvelar el final, sólo decir que la última escena contiene la derrota definitiva del protagonista, su inevitable final, uno en el que el diablo, ahora sí, y junto a nosotros espectadores, ya sabe que ha muerto.
Franky_23 
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