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Tronchante y nada más
La última obra del gran maestro del séptimo arte, esta vez interpretando un papel de los de antes, con sus inseguridades, neurosis y su sarcástico e irónico humor. Muy lejos de la genialidad del mejor Allen, del que ha sido capaz de realizar auténticas obras de arte como Manhattan, Annie Hall, Zelig, La rosa púrpura del Cairo... entre otras. Por ello cabe tacharla de obra menor, de un Allen menor y no el de siempre. La obra no tiene la frescura del gran Allen, ni la agilidad en su realización, ni la sutileza y la originalidad en el guión (pero sí la chispa), ni los personajes gozan de complejidad psicológica e introspectiva (como en Annie Hall), ni, sobretodo, por su predisposición a la reflexión, no esperen mucho en este aspecto.
Lo que sí conserva Scoop es el ingenio del autor. Ingenio en la creación de situaciones hilarantes, absurdas, kafkianas; ingenio para impregnar la comedia de diversión y entretenimiento, mero entretenimiento del que desata una carcajada detrás de otra.
Esta película no tiene absolutamente nada que ver con su predecesora Match Point tanto por la seriedad, como tensión dramática y aura suspensiva que mantiene ésta última; pero las muchas demostraciones de maestría del director le permiten hacerle ciertas concesiones.
Scoop no es la película del año ni una joya de grandes proporciones en el repertorio fílmico alleniano, pero sí una divertidísima comedia abierta al gran público y que es cince concebido como puro pasatiempo del bueno. Para arrancarse a reír.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La escena final cuando el ilusionista se encuentra con la muerte en el barco es para troncharse de risa. De nuevo, agudo y ocurrente Woody Allen.
gerakas 
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