Sin duda, no es despreciable que la directora y guionista hayan querido traspasar la gloriosa historia de un bar de los suburbios de Madrid al celuloide. Otra cosa es que la historia tenga una fuerza que se demanda para que este tipo de historias sean historias universales. Quizá lo que no se cuenta tenga más fuerza que lo que verdaderamente vemos, por lo que ahí podríamos encontrar el primer problema. El segundo y creo yo más importante, es que el guionista ha de tejer muy fino para que la historia no se vaya por los cerros de Ubeda. Y es que cuando abres muchas puertas luego se te acumulan todas y cerrarlas todas en una hora y media se antoja complicado. Y ahí es donde el jardín del guionista se convierte en selva, lo que no quiere decir que seamos elefantes dispuestos a no enterarnos de nada o que se nos exponga delante los muchos finales, uno detrás de otro. Como esfuerzo no está mal. Como resultado, es otra historia más.
spoiler:
Sí, la música os suena. Es de azul oscuro casi negro. Toma originalidad.