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Humanización del monstruo
Frost/Nixon empieza bien. Nos resume en pocos minutos el mandato Nixon y el sentir general de una sociedad dividida pero ante todo decepcionada. E inmediatamente despues empieza la anecdótica gestación del proyecto, tratando por encima (sin polémicas) el debate sobre las motivaciones de la prensa en asuntos políticos y su legitimidad. Una primera parte sin duda habilidosa, propia del Ron Howard profesional, eficaz e impersonal de su última etapa, emparentándola con esa otra magnífica e impersonal visión de la época, American Gangster. Pero en ese momento llega la entrevista y algo pasa. La película se crece formidablemente y logra una singular capacidad hipnótica que te atrapa sin remedio. Cuatro sesiones y dos conversaciones entre Nixon y Frost y tenemos otra película. Es indudable que están ejemplarmente escritas y el esplendido guión se hace notar. Pero no nos engañemos, la magia la consigue un Frank Langella colosal, que aporta una presencia física que se transmite en cada uno de sus gestos y palabras, logrando una construcción del personaje simplemente impresionante. El señor Langela ha conseguido la interpretación de su vida. Y como si de una fuerza impulsora se tratara, el resto del film se contagia del derroche de medios del actor y se vuelve ágil, gana ritmo y suspense, convirtiéndose en una apasionante batalla intelectual, un moderno David contra Goliat que gana en intensidad hasta el inolvidable tramo final de la entrevista, de una humanidad sobrecogedora. El resto cumple correctamente, desde el resto de los actores (magnífico Bacon) a la fotografía, el montaje o la música. Pero todo se queda lejos de ese tridente que asoma sus puntas a partir de la mitad del film, guion-actor-director, que han conseguido con un film menor mantenerme al menos una hora totalmente absorbido con lo que me contaban. Eso tiene mérito, mucho mérito.
jairechu 
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