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Cabalgando en solitario
Tres años después de la finalización de la guerra de Secesión, Ethan Edwards vuelve a su querido hogar formado por su hermano Aaron, su cuñada Martha, sus dos sobrinas Lucy y Debbie y un muchacho medio mestizo llamado Martin. Lucy está prometida a un joven muchacho llamado Brad, cuya familia vive cerca, mientras que Laurie, la hermana de Brad, está enamorada de Martin.
John Ford ya había filmado numerosísimas obras maestras cuando decidió rodar un western, que lejos de convertirse en uno más en su colección, supondría su película más ambiciosa. La sencillez de los recursos cinematográficos empleados para narrar historias sobre los personajes mientras transcurre la acción principal hace que la película transmita un estilo que nadie consiguió imitar con tanta maestría. Sin una sola palabra, sabremos que Ethan fue un combatiente confederado, que tuvo una relación con Martha, la mujer de su hermano, que Martha lo sigue amando...
John Wayne busca a los comanches que secuestraron a su sobrina Natalie Wood, pero no sabe si prefiere encontrarla viva o muerta. Así de sencillo. El personaje de John Wayne, el inmortal Ethan Edwards, es uno de los más ricos y complejos que ha dado el cine. Alguien que prefiere las balas antes que las palabras, pero que esconde una humanidad inmensa. Sutilmente misteriosa, ahí estan los hilos entre John Wayne y su cuñada, que sugieren que la razón profunda de la búsqueda reside en que “tío” Ethan podría ser en realidad el padre de la chica, por lo que su obsesión por matarle tendría origen en la culpa. John Ford no es indulgente con sus personajes, escépticos fantasmas que deambulan por el tiempo y el espacio.
La expresividad que transmiten los actores y cada escena es impresionante, cada matiz, cada lectura... Destacan especialmente los agresivos colores de la fotografía y el guión de Frank Nugent, basado en la novela de Alan LeMay. Violenta y hermosa a la vez, Centauros del desierto (por una vez el título en español mejoró al original, The Searchers), es una película maravillosa, desde cada aspecto técnico hasta la última línea del guión.
Obra maestra, película trágica y rotunda. Trasciende su condición de western para volverse un drama épico a toda regla. Cierto, habrá quien la sitúe directamente en el terreno del racismo, pero es pura poesía.
helen 
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