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El manantial
Film nº 21 de Bergman. El guión de Ulla Isaksson adapta la balada anónima "Törens dotter i vänge", basada en una leyenda medieval de Suecia. Se rueda en exteriores de Dalarnas län (Suecia) y en los platós de Svensk Filmindustri (Estocolmo). Como film de habla no inglesa gana un Oscar y un Globo de oro. Producido por Allan Ekelund y Bergman, se estrena el 8-II-1960 (Suecia).
La acción tiene lugar en Suecia, en el s. XIV, en verano. Karin (Pettersson), única hija viva de Herr Töre (Sydow) y de Märeta (Valberg), es enviada por el padre a hacer la ofrenda estival de velas a la Virgen en compañía de Ingeri (Lindblom). Antes de adentrarse en el bosque, Ingeri se separa de Karin, a la que sigue de lejos. En pleno bosque Karin se topa con tres hermanos pastores: un joven, un niño y un sordomudo.
El film suma drama, crimen y horror. Reproduce trazos de la historia blíblica de Job. Corresponde a la segunda etapa del realizador, marcada por las obsesiones religiosas y la preocupación por el silencio y la ausencia de Dios. Forman parte de esta etapa 11 films ("El séptimo sello", "Fresas salvajes", "El rostro", etc.).
A partir de un guión ajeno, Bergman construye un film estilizado y de gran sobriedad. El relato, de gran sencillez narrativa, hace uso de una admirable economía de medios. Crea una atmósfera inquietante y sombría, que gradualmente gana intensidad harta tornarse desgarradora hacia el final. Luce una espléndida puesta en escena y ofrece unas interpretaciones austeras, comedidas y precisas. Contrasta el bien y el mal, Dios y el diablo, la inocencia y el deso, la ingenuidad y la realidad de la vida, la pureza y la concupiscencia, la virtud y el pecado, la piedad y los deseos de venganza, etc. Sobre todo enfrenta, en un marco de desesperanza, al dios pagano, Odín, capaz de imponer muerte y destrucción, con el Dios cristiano, que calla, no salva a los suyos y sólo hace brotar un manantial de aguas puras.
Pasa revista a sus obsesiones (pecado, culpabilidad, sexo, muerte, religión...). Ve la maldad como una realidad consistente y rotunda, frente a la bondad efímera y frágil. Explora las causas de la angustia del ser humano, que relaciona con los sentimientos de culpa, el remordimiento, la improbabilidad luterana del perdón y la asuencia/silencio de Dios. Se sirve de signos y símbolos, como el sapo negro, augurio de crimen y muerte. El manantial, anuncio de vida y resurrección, hace revivir la inocencia y la pureza en forma de aguas limpias y fecundas. En el contexto de una sociedad primitiva, como la medieval, propone una seria reflexión sobre la venganza individual.
La música, de Erik Nordgren, escasa, aporta dos composiciones: una de flauta y otra de silbato-vibráfono, que glosan y elogian la inocencia. La fotografía, de Svenk Nykvist, en B/N, realista y expresionista, ofrece imágenes de gran fuerza y sorprendente belleza. Las realza con encuadres atrevidos y un gran dominio de la luz y el claroscuro. Soberbia película.
Miquel 
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