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CHAPLIN, EL COMUNISTA
Otra magistral pieza del genio británico en la que, valiéndose de su peculiar estilo de humor, lanza una crítica despiadada contra la sociedad modernizada de mediado de los treinta, pronunciándose contra de New Deal y la deshumanización del hombre, al mismo tiempo que repudia la alienación del mismo a los puestos de trabajo. Obra maestra de cabo a rabo.
A pesar de que a medida que la proyección avanza Chaplin va olvidándose un poco del tono de protesta del film y se centra en un entretenimiento más lúdico que moralista, la cinta es un tremendo varapalo contra uno de los peores seres humanos que habitaron la tierra; hablamos, claro, del malparido de Henry Ford, el primero de una serie de tiranos inescrupulosos, cuyo nefasto árbol genealógico ha crecido de manera terrible hasta nuestros días.
Chaplin abre la obra de manera genial, mostrándonos a un rebaño de ovejas amontonadas y comparándolas con las muchedumbres de empleados alienados a sus puestos de trabajo en esas mierdas de cadenas de montaje que, claro, hubieran desquiciado a cualquiera, y no sólo al pobre Charlot. La tiranía está reflejada en la figura del jefe, que mientras se toca las narices y hace un puzzle en su escritorio, controla por cámaras y todos los medios tecnológicos a su alance a los esclavos que tiene bajo su mando.
La escena de la máquina de comida es un prodigio tanto desde las formas como desde el discurso, y resulta tristemente desternillante.
A partir de entonces, las andanzas del amigo Charlot, que entra y sale constantemente de la cárcel, que conoce a la guapa golfilla víctima de la sociedad implacable y que, como un madero tras un naufragio, se ve arrastrado por las corrientes de los tiempos crueles y modernos que tan bien retrata.
Destaco la escena de la cocaína, por ser un guiño a la falsa moral de la época, y también la secuencia de los asaltantes en los grandes almacenes, en especial por la frase que pronuncian: “No somos ladrones. Tan sólo tenemos hambre”.
En cuanto a la personalidad del director a la hora de rodar y, sobre todo, de narrar la historia, no creo que pueda decir yo nada nuevo. Un verdadero genio del séptimo arte que nos regala una película filosa y graciosa a la vez, y que demuestra su gran inteligencia para leer los tiempos que le tocaron vivir y para plasmarlos en el celuloide con todo ese talento que tenía.
Tremenda perla de mediados de los treinta. Una de las mejores piezas de Chaplin por su mensaje y por los gags realmente graciosos que posee. Una maravilla.
LO PEOR: Algunas escenas que no acabo de entender qué papel juegan (como, por ejemplo, la de los estómagos que hacen ruido).
LO MEJOR: El mensaje anti modernista, la protesta contra la alienación humana al trabajo y el puro estilo humorístico que Chaplin despliega en esta cinta. También los decorados de las maquinarias, que son excepcionales.
LEANDRO PINTO 
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