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Cantando bajo la ducha
Estrábica, fofona, con una nariz de aquí a Lima... Y sin embargo, Liza Minnelli consigue el papel de su vida, entregada, entusiasta, desbordada de vitalidad. Lo mejor de la película es, sin duda, el contraste entre la frivolidad de su personaje y la tragedia que se incubaba más allá del cabaret. Michael York está soso, muy soso. Tiene la misma cara en la indiferencia que en el amor.
Los números musicales, orquestados por el inefable Joel Grey, ya están en el imaginario cultural de todos nosotros. Quién no ha canturreado alguna vez "Life is a cabaret..." o "Money, money..." ¡Míticos! ¡Inmejorables!
Hay otro "número musical", el del nazi cantando "Tomorrow belongs to me" en la fiesta campeste, que pone los pelos de punta. En su arrogancia, y en la complacencia del público que le sigue el rollo, se masca la tragedia.
LeonNewman 
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