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Allen, tómalo o déjalo
Esta peli no es de Allen. Se podría decir que esta película "transpira" a Allen en todos los aspectos, lo cual es algo muy distinto.
Desde el uso de cámaras que deben filmar el plano justo; ya sea con travellings de ida y vuelta o de planos secuencia que pueden ser verticales, horizontales o librados al capricho de este gran director; ya sea en su espíritu profundamente impregnado de una poesía susurrada, bella y simple que a su vez toma influencia del psicoanálisis, con el fluir de las ideas más racionales o más absurdas y siempre con una duda existencial que lo acapara todo; ya sea por el entrecruzamiento de situaciones dentro de una obra coral donde entran y salen personajes, aparecen y desaparecen conflictos por el mero transcurrir de las cosas, de la vida.
Allen siempre se caracterizó y caracterizó a sus personajes como seres excesivamente reflexivos, irritantemente vacilantes e inseguros. Sin embargo, y este es su mayor mérito, esta película desprende una cotidianeidad que no por eso deja de ser cautivante. Una cotidianeidad donde el fluir de los hechos no hace fricción con la planificación desmesurada sino que la complementa de una forma, diría, cuasi genial.
La película, lejos de presentarse como una sucesión de experiencias intensas, más bien transmite los conflictos de una manera apaciguada, como desde una ansiedad que no es tal. Otro logro, puesto que la narración lleva el ritmo preciso, jamás se advierte una desmesura.
Salvo al final.
Ese final...que se yó...algo decayó...algo estuvo demasiado redondo, demasiado perfecto. Si bien que no empaña una obra, a mi gusto, de gran calibre.
Juan Rúas 
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