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Para no divertirse nada, pero nada de nada
Resulta sorprendente ver lo bien que se adapta Federico Luppi, hablando un fluido español, a un personaje y una situación que, vista desde fuera, no se sostiene. Yo, desde luego, a los 45 minutos abandoné la carrera, especialmente entristecido por el penosísimo espectáculo que da Paco Rabal deformado con una obesidad que apenas le deja respirar. Aunque mantiene lozana su espléndida voz, personaje y presencia resultan calamitosos.
Mi amor por el teatro me hizo aguantar el tiempo que aguanté, pero situaciones y personajes no logran interesarme. Es la clave para seguir los pasos de una historia, que interese el devenir de sus personajes y aquí el guión falla estrepitosamente.
horacio 
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