Kaurismäki y yo somos de los de la opinión de que o eres sueco o eres noruego, para ser finés mejor nacer en aguas internacionales y ser un apátrida. Taisto es un hombre sin religión y sin parientes, pero con un país que le envuelve y zancadillea cada uno de sus pasos. El resto de sus posesiones son 70 kilos de vacío y un hogar descapotable.
El punto de partida de la película es un grupo de mineros que no encuentran salida, como ejemplifica radicalmente el padre de Taisto. La conversación entre padre e hijo puede extrapolarse a todo un sector social al que no le queda otro remedio que hacer kilómetros huyendo de un lugar que se derrumba.
El director se vale de una concisa narración, privada de atracciones superfluas, para mostrar los reveses e injusticias que sufren los personajes, permitiéndose eventuales momentos de amarga comicidad, de la que es paradigmática la recordada ironía de la capota que se nos introduce en los primeros minutos de la película y alcanza su colofón en el final. Esta curiosa mezcla funciona para que el espectador empatice con un protagonista tan impasible y distante, pero al que basta una radio o un cuadro para afrontar activamente sus desgracias y dirigirse hacia un futuro empeñado en cerrarse en banda.
La primera parte de la película puede enmarcarse en el relato social con la cercanía característica del neorrealismo, después avanza cada vez más hacia el cine negro al que, en cierto modo, se homenajea. *spoiler
spoiler:
* Las adversidades sufridas convierten a Taisto en un fracasado encaminado sin opción al quebranto de la ley, aunque ésa no sea su naturaleza, al igual que le ocurría al personaje de Bogart en El Último Refugio. El nombre de esta película de Walsh me vendría muy bien para hacer un paralelismo entre el barco Ariel, México o cualquier país lejano con un último refugio para Taisto, pero realmente ése sólo es el título español para High Sierra, porque en realidad Bogart, tras una persecución de infarto, acaba acorralado por la policía en lo alto de una montaña. En este sentido, Ariel es una película idealista porque, tras varias canciones de desesperación, Taisto logra escapar de la cárcel sin que le capturen y, al ritmo de un nórdico Over The Rainbow, Ariel es el barco de baldosas amarillas que le conducirá hacia su propia tierra de Oz, pero sin decorados horteras.