|
Divertida y brillantísima gamberrada
Ya se sabe que O'Bannon se ganó un lugar de honor en la historia del cine por haber sido el tipo que escribió el portentoso guión de ese pedazo de peliculón llamado Alien. Eso además de convencer a Giger de que se encargara del diseño artístico (criatura y nave alienigena) y de pasarse la mitad del rodaje mirando por encima del hombro de Ridley Scott (con su consiguiente mosqueo), asegurándose de que no cambiase una coma de lo escrito...
-
Pero, incluso si Alien no hubiera existido, seguramente sería recordado por esta joya: una de las películas más entretenidas, inteligentes y gamberras que he visto. La película que, ella solita, consiguió resucitar el cine de zombies (ya medio muerto, nunca mejor dicho) y fue responsable del revival ochentero que todos los de mi generación degustamos en nuestra niñez y adolescencia; todo gracias a aportaciones al género tan impagables como la “Trioxina”, a unos zombies que, dotados de una insaciable hambre de ¡Cereeeeeebros!, son bastante más rápidos y cabrones que a los que nos tenía acostumbrado Romero y a su despiadado humor.
Porque el humor y los zombies siempre han ido unidos, ya lo sabemos: la mayoría de películas de zombies mueven a la inmediata e incontenible carcajada... Pero normalmente se debe a su patética factura y sus tristes interpretaciones, no a la intención consciente del director (Para más aclaraciones véase “House of the Dead”… si hay cojones). Lo verdaderamente original de esta película es que es la primera que trata verdaderamente de hacer una comedia con zombies, a caso hecho.
-
Y lo consigue con absoluta brillantez... Pero, cuidado, que nadie espere encontrarse con chistes facilones ("Venga, ahora que salgan bailando unos zombies al estilo Michael Jackson, ya verás que risa") o zafios y procaces -No es una película española, os lo recuerdo-, ni siquiera con la histérica carcajada que te provoca Peter Jackson en Braindead con sus monumentales idas de pinza y su festival ultragore: la película, absolutamente contenida, está pensada en serio para ser contada en broma. Su guión, casi tan redondo como el de Alíen e igual de retorcido, es el de una película de Terror puro, y sólo funciona como comedía porque O'Bannon, forzando las situaciones y las interpretaciones hasta el absurdo e impregnadolo todo de un humor sutil, brillantísimo y negro como el sobaco de un grillo -El inolvidable "¡Traigan más ambulancias!"-, así lo quiso. Pero, con unos mínimos cambios y otro estilo narrativo, la película sería “pa cagarse”.
-
Más aún, y no digas que no he avisado: su estupendo final, terrible, ominoso e “hijoputa” a más no poder, seguramente conseguirá que se te congele la sonrisa y que tardes un “ratico” en dormirte…
La película, eso sí, deja, es su mayor defecto, un sabor demasiado ochentero. Está claro que en muchos aspectos ha envejecido mal. Pero eso, en especial para los que rondamos la treintena, en un aliciente nostálgico más.
Muy recomendable.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Inolvidable Linnea Quigley en pelotas durante cincuenta minutos de metraje (para haber cogido una pulmonía, la pobre).
Átropo 
|