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Madre, he perdido mi identidad
La temática no es nueva, ni en esta peli ni en el arte en general. No obstante, se pueden observar coincidencias en el estilo particular del Club de la pelea y aquí, en Asfixia, obra que si bien resulta muy distinta a la predecesora, no se puede negar que guarda sólidos elementos en común.
Mientras que en el Club la identidad se nos presentaba desde la aparición de doble y encontraba su fuerza desatada a través de la violencia más animal del hombre, en Asfixia se elige el sexo como el disparador de las mismas inquietudes junto con el papel "estelar" de una madre que le cierra los caminos al hijo, lo ahoga en su libertad. Siempre desde estos tonos autorales en donde abunda la exageración, el grotesco y la ironía de pluma gruesa, Gregg nos expone un mundo de roles falsos, como el empleo del protagonista; verdades y mentiras de una vida que nunca queda del todo clara desde donde parte pero si que rumbo definitivo parece tener. La lucha desgarrada por la libertad, por sacarse el nudo que asfixia en la garganta es la premisa de unos personajes tan hilarantes como trágicos y profundamente humanos en su sentir, por más exagerados que sean ellos o las situaciones presentadas.
Quizás Asfixia se pierde en el regodeo humorístico innecesario de algunas secuencias, como así también en esas vueltas de tuerca finales que a diferencia del Club, aquí no tienen la misma eficacia.
Juan Rúas 
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