Oriente es la cuna del renacimiento del cine. Y Ki-Duk Kim uno de su más fiel representante, es así que Bin-jip (Hierro 3), una de sus obras más importantes signifique tanto para algunos.
Es una original historia, de la cual algunos critican su alejamiento de la realidad... ¿pero todas las grandes obras de arte tienen que estar totalmente emparentadas con la realidad? Yo creo que no, es así que hay que disfrutar la película por lo que es.
La película hace un excelente tratamiento del silencio (desde "Érase una vez en el oeste" de Sergio Leone que no sentía el silencio ser tan buen protagonista). El personaje Tae-suk no necesita articular palabra para que uno entienda sus deseos y su coprotagonista dice las justas (en el momento justo).
Demás se suceden una tras otra imágenes con alto contenido poético. Un hombre construye su vida con trozos de las vidas vacias de los demás, ocupa sus espacios privados y paga una suerte de alquiler arreglándoles algunos problemitas.
Algunos critican el uso de la violencia innecesaria, pero la usa para mostrar que la vida es violenta, que vivimos en un mundo violento (en nada comparable a la violencia que muestra Chan-wook Park) además es una suerte de sutil venganza por tener que llevar la vida que lleva, él no pidió nacer, por eso le pide al mundo que lo trajo aunque sea un lugar por pocas horas aunque tenga que pagar el precio.
El mundo va haciendo que este hombre sin nada se vuelva poco a poco en un fantasma, y es en la carcel aprende los trucos para desaparecer.
Ki-Duk Kim nos cuenta una inteligente historia de amor, donde los gestos son la única expresión de este amor, paro ya uno sabe cuanto se necesitan uno al otro y cuan grande es este amor. Esto es un gran mérito del guión y sobre todo de la sutil pero firme dirección de su creador.
spoiler:
El final es maravilloso, una de las secuencias de amor más inolvidables de lo que va del Siglo XXI. La mujer que por desgracia se encuentra con un marido que la maltrata se enamora del fantasma y es su propia casa la cuna en donde el amor florece.
Lo malo del final ocurre cuando Ki-Duk Kim sentencia su obra con una frase que para nada era necesaria, lo que había constrído con silencio lo destruyó con palabras, en una suerte de intento de hacernos reflexionar le salió el intelectual que termina haciendo el papel de idiota. Solo por eso no logra el 10, aunque se queda con un 9 muy merecido