Espectacular interpretación de Juan Diego Botto, y sobresaliente como siempre Luppi. La química entre personajes es total y los diálogos magistrales.
Se cuenta una historia cotidiana llevada al límite, una sucesión de conflictos internos que deben ser saldados de forma externa. Una relación entre un padre y un hijo, y dos personajes satélites que carecen de su talento (como personajes) e intentan intelectualmente a la altura.
spoiler:
El verdadero argumento de la película no tiene que ver con la droga, ni con los abusos de la juventud. Es símplemente la preocupación de un padre por un hijo. La angustia de ver como se pierde en errores que ya cometió, y de hecho aún comete. Luppi transmite esa preocupación con la mirada, y Botto es el típico adolescente que, seguro de sí mismo, no cree que la preocupación del padre sea necesaria. Aristarain no nos está hablando de drogas, sino de la preocupación por lo que más quieres.