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Un pedazo de universo en cada plano.
Latigazo a la sociedad española de la época, en donde la disparidad entre pobres y ricos no se podía, aunque se quisiera, ocultar con una caridad ficticia. La historia está plagada de personajes entrañables, auténticos, a los que Berlanga y Azcona llenan de sibilina hipocresía al hacerles caer en una caridad oficial, ridícula, vacía de verdadero sentido. Llama la atención la habilidad de los guionistas para camuflarla como un sainete costumbrista más, para hacerla aparecer como una obra inofensiva y amable y colar a la censura lo que la película estaba diciendo en realidad. El director sabe que no puede atacar con saña o excesiva dureza, y decide no potenciar, no subrayar, pero nunca olvida detalles, pequeños en apariencia, pero que son verdaderos aguijones y que tienen un efecto demoledor vista la obra en su conjunto. Humor negro, cine inteligente cargado de detalles, que no tiene nada que envidiar a maestros italianos como De Sica o Fellini y que en cintas como "Placido", está incluso por encima. Sin duda alguna, nuestra mejor película.
Max 
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