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El herido y el que hirió, que son uno y no son dos
Afortunadamente, cuando uno va a ver esta película, ya está advertido de que va a sufrir durante un par de horas. Si no, el impacto podría ser brutal. No obstante, creo que es el único dato que uno debe saber de antemano si se dispone a ver "Anticristo". Saber más de lo debido puede provocar que uno prevea lo que va a ocurrir, de tal manera que el espectador acabe siendo privado del enorme placer que supone contemplar la redondez de una auténtica obra maestra, construida, en la misma proporción, con restos de casquería, por un lado, y sublimes imágenes alumbradas por un espíritu embriagado de lucidez, por otro lado.
Como se puede apreciar, es difícil hablar de la considerada por Lars von Trier como su mejor película, puesto que se corre el riesgo de desvelar más de lo debido. Recomiendo a futuros espectadores que no sepan más que esto: serán dos horas de sufrimiento. Ahora bien: la mirada del director danés no hace más que descubrir lo blanco en lo negro y lo negro en lo blanco, por lo que esas dos horas de malestar se tornarán súbitamente en el gozo que resulta de vislumbrar una verdad, en este caso la verdad sobre el miedo y el dolor, que es la verdad sobre la maldad y la ira. Y no seguiremos hablando, porque, sin quererlo, podríamos destriparla.
Si Tarkovsky (a quien está dedicada la cinta) se conformaba con filmar la superficie de las aguas estancadas en "la Zona" de su mítica "Stalker", Von Trier se zambuye en la podredumbre de tales aguas en su igualmente verde y húmedo Edén. Pero mirar ahí ¡da tanto miedo! ¡Cuesta tanto asimilar que el herido y el que hiere son el mismo! Tarkovsky lo intuye. Von Trier lo grita.
anfinomo 
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