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Los "recovecos" de una buena peli
El británico Martin McDonagh nos ofrece un curioso film en el que nos cuenta la historia de dos personajes, Ray (Collin Farell) y Ken (Brendan Gleeson) que se ven obligados a refugiarse en Brujas por orden de su jefe, Harry (Ralph Fiennes) después que hubieran metido la pata en un “trabajo”:
Lo que más llama la atención del film es su contraste entre diálogos que nos fuerzan la sonrisa mientras que el tono general del film (su banda sonora y su tratamiento del color) apuntan hacia un tono más triste y oscuro. Aprovechando los exteriores de la magnífica ciudad de Brujas, McDonagh compone un film que fluctúa entre la comedia, el drama o incluso la tragedia, con tres personajes principales, quienes a pesar de saber que su oficio es matar a personas no podemos dejar de sentir simpatía por ellos. Y eso grácias al tratamiento de los personajes que son humanizados por director, compartiendo con el espectador sus pensamientos, dejando ver que detrás de esa fachada de tipos duros, hay personas que, en un momento en que se ven inactivos se acaban cuestionando el sentido de las acciones que cometen, mostrándonos una crisis de identidad igual que la que puede tener un oficinista cualquiera, esquivando además con habilidad el recursos a los estereotipos que se pueden suponer a este tipo de personajes.
El director además enriquece la historia con la aparición de diversos personajes secundarios entre los que se mueven los protagonistas que de alguna forma les obligan a reflexionar sobre a donde van sus vidas, y ello sin escatimar los bonitos parajes de Brujas, capturando por el camino al espectador, quien poco a poco se va metiendo en la película sin apenas darse cuenta que al final no está viendo una comedia facilona o un “thriller” lleno de tópicos. El peso del film, queda lejos de artificios espectaculares como persecuciones, tiroteos y acción, dejando toda la “acción” a las interpretaciones del trío protagonista, del que sobresale un excelente Collin Farell pero sin desmerecer los registros de Gleeson o Fiennes.
McDonagh maneja el material del film con sumo cuidado, moviéndose entre varias aguas pero sin quedarse con ninguna en concreto, sin buscar el camino fácil y dejando al final un poso que obliga a reflexionar tras ese aire aparentemente desenfadado pero que esconde una película seria detrás.
manulynk 
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