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No se dejen engañar por su aspecto de telefilm
Quizá demasiado acomodado a su medio natural, Michael Cuesta, director de capítulos de las aclamadas series "A dos metros bajo tierra" y "Dexter", ha optado por una realización televisiva que perjudica gravemente las aspiraciones de su película. Con una factura no ya hollywoodiense, sino de cine independiente norteamericano, se habría colado seguro en los Oscars y en circuitos de distribución más amplios.
En cuanto se supera su aspecto de telefilm, nos damos de bruces con una historia de una sensibilidad exquisita que indaga en las reveladoras experiencias de tres chavales al borde de la adolescencia y sus difíciles relaciones con los adultos. El guión es redondo, con un trío de historias que se contraponen y equilibran mutuamente, fluctuando entre los divertidos esfuerzos de un niño gordo que quiere adelgazar a la absoluta tragedia de otro crío que pierde a su hermano gemelo.
Hitchcock dijo en alguna ocasión que lo más difícil del cine es dirigir niños, pero Cuesta le contradice con una dirección de (pequeños) actores brillante entre los que destaca la niña de rasgos asiáticos.
Felipe Larrea 
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