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Ronnie, tenemos un problema
Estamos ante una película con dos lecturas. Por un lado, me parece un filme muy entretenido que cuenta una de esas "historias de coraje y heroísmo más grandes que la vida misma" que tanto les gusta a los americanos, en este caso, la odisea de Jim Lovell, Fred Haise y Jack Swigert, los tres astronautas del programa Apollo, que, a bordo del Apolo 13, iniciaron un viaje hacia la superficie de la Luna para ver como a mitad del viaje, una explosión les hizo pasar mil y un calvarios para poder regresar vivos a la Tierra. En ese aspecto, la película cuenta con un buen ritmo que pasa de mostrarnos la vida en familia de los astronautas, sus entrenamientos y sus quehaceres, para después hacernos vibrar con todo el proceso del lanzamiento del cohete y el inicio del viaje espacial. Como ya digo, una estupenda primera parte, con una gran ambientación tanto del Centro Espacial Kennedy como de la propia nave Odisea, coronada con buenas interpretaciones de todos sus actores (Ed Harris y un Tom Hanks en su mejor momento se llevan la palma), además de un conseguido ritmo del suspense y la tensión cuando las cosas empiezan a torcerse.
Pero como en casi todo el cine de Ron Howard, siempre hay detalles que es por donde sus películas comienzan a hacer aguas. Una vez que comienzan los problemas, la blandenguería empieza a imperar no sólo en las familias de los astronautas, sino en las relaciones de los propios astronautas, donde comienzan a verse los típicos "señores, tenemos que volver a casa", "nadie tiene la culpa de lo ocurrido", etc. Según va avanzando la historia hacia el final, empieza a verse un mal disimulado patriotismo, por aquello de que "el mundo entero reza por la suerte de los tres astronautas, desde el Muro de las Lamentaciones, hasta la Mezquita de la Meca, pasando por el Vaticano y la catedral de San Basilio en Moscú, etc, etc". Sobra totalmente, y le da a la historia un tono que la hace naufragar, al igual que la buena partitura de James Horner que, al igual que la película, va de más a menos, y acaba siendo poco menos que una marcha militar en honor de los astronautas. El final cursi acaba estropeando una interesante película que podía haber sido más, mucho más, pero se queda en meramente correcta con algún que otro momento sonrojante. Destaco la ambientación del espacio (con esas vistas de la superficie lunar, impresionantes), el despegue del cohete, y al fenómeno de Ed Harris (nadie podría decir mejor que él lo de "nunca he perdido a un hombre en el espacio, y juro por Dios que no lo vamos a perder ahora").
Feisal 
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