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Soberana estupidez
Cuando, en lugar de utilizar lo absurdo como un recurso divertido y esporádico, se utiliza como el conductor principal de la cinta, se consigue precisamente lo que aquí han conseguido, como diría el docto Camilo José Cela, una Soberana y Magnífica Gilipollez (nótense las mayúsculas).
No le pongo un uno por la presencia, siempre magnética, de Statham y Smart (individualmente y en pareja), detalle, por cierto, que deja por los suelos a estos ¿directores?, que los desaprovechan lamentablemente.
Por otro lado reseñar la obsesión freudiana de estos personajillos (los "directores") por las tetas, los culos y, especialmente, los genitales masculinos, aunque sean de animales, ya sea para mostrarlos o para machacarlos.
En resumen, aprovechan lo que funcionó en la, interesante, primera parte y lo llevan al terreno de lo absurdo y lo estúpido, con un resultado totalmente despreciable.
Aun siendo la única película que queda por ver en el mundo tras un holocausto nuclear, mejor coge un libro y no pierdas el tiempo con esto.
Guille 
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