En una cinta repleta de falsificadores, estafadores, ilusionistas y otro tipo de embaucadores lo más normal es que se engañe al espectador desde el principio, que lo que se presenta como tema principal no sea sino mera excusa. Es lo que sucede con “Fraude”, documental perpetrado para testimoniar la grandeza de esa fuerza artística que fue el individuo llamado Orson Welles.
No hay que dejarse engañar por el tono inicial de la obra, ni tampoco turbar por la confusa estructura de la misma. La tramposa narración acaba presentándonos a un notable falsificador de obras pictóricas como un entrañable hombrecillo, a un farolero y arribista escritor como un audaz bandolero; la mano juguetona de Welles es patente a lo largo de toda la narración, manipulando el sentido de toda afirmación de los protagonistas mediante un montaje burlón y escéptico que le confiere a la cinta un tono festivo y que pretende convencernos, al igual que según se dice en la misma cinta hacen los húngaros, de que “yo soy el mayor embaucador de todos”. Basta con ver esa media sonrisa tan estudiada que se le escapa a Welles tras decir “A ham sandwich” para corroborarlo.
spoiler:
Pero, de repente, una interpretación de unos versos de Kipling, una disertación sobre el destino de los hombres y el sentido de todo su posible quehacer ante una gradualmente espectral catedral de Chartres (“Nuestros cantos cesarán. Pero, ¿qué importa? Seguid cantando”), nos revelan la intención verdadera. Todo queda confirmado en esos últimos 17 minutos en los que, presumiendo sin duda de novia nueva, se recrea el encuentro de Picasso con uno de sus falsificadores (“El arte es una mentira, una mentira que nos hace descubrir la verdad”).
Ególatra y megalómano, sí, probablemente convencido, debido a su insistencia en adaptar grandes obras literarias (Shakespeare, Cervantes, Kafka), de estar a la altura de los grandes, la presencia de Orson Welles, con su sombrero y su largo gabán, debe cifrarse como un desafío a lo real, al cepillo de dientes, a la muerte… y a Howard Hughes. De ahí su pertinaz inquina contra el personaje, contra la industria cinematográfica entera. Si el arte es secundario, una bella mentira si quieren, pero que nos hace descubrir lo verdadero, ¿por qué se encumbra al magnate de la aviación? ¿Quién de los dos hombres era Ciudadano Kane?