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Sweeney Todd: fantasía y humor negro en un musical.
Magnífica ambientación y magistral trabajo por parte de los actores; el humor negro sustenta una historia terrible que, de ser contada en tono serio, resultaría insoportable y también risible pero por insostenible.
Es tan cruel que causa risa, en ningún momento hay intención de que el espectador se identifique con los hechos ocurridos, a excepción, claro está, de la última escena (que no adelantaré). Sweeney Todd no es un protagonista con el que haya que simpatizar, simplemente hay que aceptar su decisión de venganza. Sí se busca, en cambio, la identificación con la historia de los jóvenes enamorados, abordada con mucha más luz e idealismo que la trama principal. La película huye de juicios morales convencionales y nos presenta una historia de venganza en tiempos de grandes injusticias.
Les diría a todos los que se plantean ver esta película y a aquellos que la critican que tengan en cuenta que se trata de un musical, y lo es en toda regla, con todo aquello que el género conlleva: interrupciones para canciones que ralentizan la trama y la falta de verosimilitud que conllevan dichos pasajes musicales, con su peculiar puesta en escena. A quienes no les gusten los musicales, que sean conscientes de que sus reparos personales hacia un género que no es de su agrado no implican una mala realización de una película inscrita en él, la cual es, en mi opinión, muy digna representante de su género.
La intención de Tim Burton en esta película no es otra que contarnos una historia fantástica con importantes elementos simbólicos, lo cual, combinado con la sangre y el humor negro, tiene como resultado un cuento fantástico para adultos. La atmósfera, un ambiente predominantemente gótico y gris que contrasta de tanto en tanto con escenas llenas de luminosidad, sumerge al espectador en un mundo de ambiente mágico pero anclado en la más cruda y sangrienta realidad.
En mi opinión, la historia está bien llevada y el ritmo es correcto, quizá con cierto abuso de las escenas musicales. En general, se ha contado con un buen guión y un trabajo técnico e interpretativo excelentes. Destacaría, por un lado, a Helena Bonham-Carter, tanto en la interpretación como en la evolución de su personaje; por otro, el humor: no he dejado de reír en toda la película.
Piececitos 
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