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El sopor de las cerezas
La idea es sencilla pero bonita. Un hombre decide suicidarse, y debe encontrar a alguien que se comprometa a enterrarlo posteriormente. En su búsqueda encuentra la oposición de casi todos, que generalmente se erigen en guardianes de la moral (estamos en el tercer mundo fanáticamente ultrarreligioso, no lo olvidemos), y condenan la actitud del protagonista como si estuvieran por encima del bien y del mal. Finalmente encuentra a alguien que no censura moralmente su decisión, pero que le hace reflexionar acerca de todo a lo que renunciará con ello...
Kiarostami parte de una gran idea de partida, por tanto, pero como siempre en el habitualmente tedioso cineasta iraní, lo desarrolla de manera excesivamente pausada y monótona, sin ofrecer al espectador los suficientes puntos de apoyo argumental y narrativo que le hagan estar atento al desarrollo de los acontecimientos.
Amor Perro 
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