|
Miedo a ser feliz
La fragilidad de las relaciones humanas y lo intangible que resulta a menudo la aplastante y dolorosa verdad para muchas parejas son dos de los elementos que se han combinado en esta soberbia película para cristalizar en uno de los análisis más poderosos y desgarrados que nos ha ofrecido el cine sobre un tema universal: el intenso y malsano placer que provoca la ignorancia y la infelicidad consentida.
Durante las dos horas de metraje, Mendes construye un drama agónico, lapidario, epidérmico y a la vez frenético, sustentado en la magistral actuación de dos de los mejores actores que ha dado el reciente cine estadounidense. Impresionante DiCaprio e inconmensurable Winslet.
No hay tregua. No asoma una brizna de piedad. La película discurre tensa, con pulso férreo, y vomita sobre el espectador su pavoroso mensaje, su desgarrada visión de la realidad que destripa sin piedad ese poderoso monstruo que es la sociedad y sus absurdas y desfasadas leyes y convicciones. Esa criatura malsana que ha devorado las vidas de tantos seres humanos a lo largo de la historia y que los ha digerido hasta la mismísima defecación. Convirtiéndolos es excrementos de unas normas sociales intransigentes y dictatoriales, en víctimas podridas de la mentira, la apariencia, el miedo y la cobardía.
Revolutionary Road se erige como un valiente paladín de la verdad y disecciona de raíz las extremidades del poderoso monstruo, los ridículos apéndices de una sociedad que te atrapa y te engulle con las fauces de la falsa moralidad, los forzados y ya decrépitos valores familiares tradicionales, la violencia agazapada tras la burda y falsa hombría, la manipulación a la que nos someten sutilmente los que nos rodean, el miedo a lo diferente, a romper las normas, a ser distinto… y, sobre todo, el pavor que provoca ser tú mismo y ser feliz.
Nada queda en pie. Menders en un contador de historias despiadado, capaz de evidenciar a más de un espectador la miseria que le embargará esa noche, cuando tras salir del cine se acueste junto a una persona que no ama, cuando vuelva a un trabajo que odia, cuando repita una y otra vez interminables retahílas de mediocridades para encajar en un colectivo social que detesta, cuando su pareja le bese y le dé asco, cuando mire a sus hijos y compruebe que nunca quiso tenerlos, cuando contemple su vida y solo sienta ganas de llorar ante tanta represión, tanto miedo, tanta amargura, tanta infelicidad…
Estremecedora, sin duda, una de las mejores películas del año.
loganxxx 
|