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Yo también era amigo de Harry Lime
Tal vez la película número uno. El tercer hombre es puro arte. Como en literatura o en pintura, se advierte enseguida la obra maestra. No me voy a extender por la era donde está ya todo trillado. Me gustaría señalar lo que yo he visto en esta película y es lo siguiente: tres niveles y tres escenas.
El primer nivel se alcanza en la noria, en las alturas. Ahí Harry Lime dice: "si miras desde aquí a los hombres, parecen hormiguitas; qué más da una más o menos..." Eso mismo diría Dios si no se hubiera hecho un día hombre. Porque el caso es que cada hormiguita tiene su esperanza, su amor, su reunión mensual para hablar de literatura, de Beckett o de Zane Gray...
El segundo nivel está en la superficie, donde el hombre lucha por sobrevivir. Ahí están dos escenas grandiosas en el cine: cuando Lime aparece entre sombras bajo un portal porque el gato le descubre y la escena final de la película que es el desencuentro más explícito jamás filmado. La primera alcanza un momento nostálgico difícil de olvidar con una preciosa melodía de esas que a lo largo de la vida tendrás más de una ocasión de volver a oír (en mi caso la llevo de tono de llamada en el móvil).
Harry Lime es nuestro amigo de toda la vida: el más guapo, el que de joven se llevaba de calle a todas las chicas, el más gracioso, el que todos querían estar a su lado, el que siempre tenía dinero cuando no había un duro en las casas... ¡Cuánto quisimos a Harry Lime! ¡Cómo no se iba a enamorar de él la mujer más bella y sensata! No es extraño que una chica guapa, seria y con lo pies en la tierra termine locamente enamorada del hombre más soñador y sinvergüenza que conozca; al fin y al cabo trabajadores y de apariencia estólida hay más que botellines.
Y el tercer nivel es el submundo. El infierno. Ahí no hay reuniones, ni amistad... Sólo huída y peligro, miedo y muerte. Y es bajo tierra donde aparece la tercera escena más lograda del cine: esas manos queriendo salir de la muerte, aferrándose a la vida como es el instinto primario del ser humano. Esos dedos que salen entre los barrotes inútilmente quieren tener ojos en las puntas para ver por última vez el cielo. Todo se acaba así.
No obstante, con un poco de suerte tedrás amigos, camaradas, decepciones, golpes y encuentros en un mundo que siempre será hostil, acabe de terminar la II GM o hayan pasado ya más de 60 años. Pero si bajas del jeep a esperar a una mujer con la gabardina cruzada en el brazo en el paseo del parque más lánguido del mundo, sabiendo que ella no está enamorada de ti ni posiblemente lo esté nunca y tu ya le hayas dicho con tristeza lo mucho que la quieres, y ella pase ante ti sin mirarte siguiendo su camino, habrás tenido la suerte de vivir también una bonita historia de amor.
fantomas 
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