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Frío costumbrismo
"Obabakoak" -habitantes de Obaba- es la creación del escritor Bernardo Atxaga de un mundo a distancia, a partir de la tradición mítica y oral de su cultura vasca. Una obra compuesta por una serie de relatos rurales, costumbristas, con un aliño fantástico sobre un inexistente pueblo vasco en los que también se intuye un retrato nublado, y en cierto modo alegórico, del entorno político y social de su pueblo. Y de un universo imposible de adaptar al cine nació Obaba.
Fui a ver la película con mucha ilusión –ya que el costumbrismo rural es mi género preferido- y quedé algo decepcionada, pues tuve la sensación de haber salido del cine varias veces durante la película. La película está formada por una serie de historias entretejidas en las que se han convertido los habitantes del pueblo. Unos relatos pausados, lentos, que no se sabe dónde van ni qué quieren decir, que relatan temas discretamente esbozados como el presente y el pasado, la violencia, el desarraigo o la soledad.
Lourdes, la protagonista del presente, es una estudiante de cine que decide hacer un "documental" y se marcha a un pueblecito perdido entre montañas a entrevistar a sus habitantes. Y va descubriendo antiguos secretos, rencores, amores... Endeble y poco original hilo de conducción entre las tres historias principales. Pero funciona. Solo que el metraje se consume en historias excesivamente grandilocuentes que en el fondo no dicen gran cosa (lástima la historia del hijo del alemán, con todas las posibilidades que tenía). La narración es excesivamente lenta, y únicamente la experiencia y talento del director hizo que no echara una cabezada entre historias. Un guión que parece limitarse a describir imágenes, con personajes y situaciones triviales.
Pero a pesar de todo, Obaba es una película construida por un pueblo -magnífica ambientación y fotografía del como siempre excelente Aguirresarobe- y por la mayoría de sus intérpretes, que nos hacen creer que no son actores, sino pueblerinos, aunque con excepciones notorias. Lo mejor de la cinta para mí fue una contenida y madura Pilar López de Ayala, que logra convertir una historia tan trillada y construida de manera tosca, en algo que merece la pena presenciar y emocionarse, lágrimas incluidas. Su contrapunto es Barbara Lennie, la extraña, la forastera, la extranjera. Una actriz tópicamente caracterizada y pobre, que parece salida de una serie juvenil española -sólo le faltaban líneas como "jo, tía"-. La solterona rencorosa, el siniestro dueño del motel, el cartero, y todos los figurantes, precisamente ellos más que ningún otro, hacen creerte que estás viendo retazos de un pueblo y no una película.
Obaba me pareció buen cine pero no muy emocionante. Esos trozos de vida creados tienen mucho interés, pero me provocaron ningún deseo de identificación ni de apasionamiento, ni me tocaron esas historias que han marcado eternamente la existencia de sus protagonistas. Fui testigo ajeno y siempre a distancia.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: No me gustó el enfoque dado a los lagartos. Su inclusión es un toque misterioso, desasosegante, cinematográficamente rico, muy a lo David Lynch. Pero en vez de quedarse en alegoría, se convierte en real. La chica de verdad piensa que se le coló un lagarto mientras dormía sin notar nada, y lo cree porque se va quedando sorda. Quizá sea demasiado quisquillosa, pero detalles así me echan a perder la atmósfera mágica de la película.
helen 
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