A cual más bruja/o. Es lo que quiere y consigue transmitir este retrato de la família real inglesa, donde no se salva ni la que creía yo simpática abuela de los gintonics, la reina madre, tanto o más ácida y cínica que su hijita Betty.
Y no es que al director le caiga mal la família real y se cebe con ella injusta y gratuitamente, si no que más bien, y esto casi sería de agradecer por la família real, nos quiere enseñar que tan criticados como llegaron a ser, llegó un punto en el que ya no supieron como obrar correctamente ante su pueblo, siendo la gota que colmó el vaso el fatídico destino de la princesa Diana, repudiada por ellos y amada por el pueblo, que veía en la monarquía a ese monstruo anacrónico y rancio que no la dejaba ser feliz.
La interpretación de Helen Mirren es tan perfecta que incluso en su versión original el timbre de su voz es similar al de la propia reina, pero no es solamente la reina la que destaca, siendo su marido también el que ejerce una gran interpretación y demuestra ser tan repulsivo como el que más.
Una interesante visión de lo que pudieron ser aquellos días que chocaron tanto a una regia institución tan metida en sus costumbres, que como la reina Maria Antonieta, estuvo a punto de no saber ver más allá de la ventana de su palacio.
"¿Ya le han enseñado como empezar una guerra nuclear? Es lo primero que enseñan a todos."
spoiler:
La conclusión del retrato parece ser el hecho de la niña que entrega las flores a su reina... al fin y al cabo, aunque a regañadientes y destiempo, acabaron haciendo lo que el pueblo quería y reconciliándose con él.