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Scorsese y los frikis de Cárdenas
Alfter hours (siempre me he preguntado si el encargado de poner su ridículo título en castellano pudo volver a dormir sin remordimientos) es una película que solo podría haber rodado Scorsese.
Veladas pugilísticas con boxeadores paranoicos, clases de billar impartidas por el más grande, poderosos integrantes de la mafia en Brooklyn… mafiosos de poca monta, peleando por cinco miserables dólares, veteranos de Vietnam insomnes, al volante de un taxi…
Uno de los directores que mejor ha sabido radiografiar la sórdida fauna nocturna, en especial la de los barrios de Nueva York, decide un día cambiar los timadores, matones, camellos, putas y sodomitas por el mundo freak que abunda en toda gran metrópoli: oficinistas hartos de su trabajo con ganas de divertirse un rato, chicas depresivas con tendencias suicidas, chicas ingenuas con peinados de los años sesenta, escultoras encantadas en su papel de esclava dominada, encargados de bar con miedo a que les desvalijen la casa, raterillos convencidos de que pagar por algo no es bueno porque alguien termina robándotelo, gays de los de mostacho y cuero morreándose y pellizcándose los pezones, punkis maravillosos bailando bongo en un club, vendedoras de helados justicieras… y mucha… muchísima pasta de escayola y papel de periódico. Todo un universo friki que para sí quisieran los directivos de la televisión que nos ha tocado sufrir.
Griffin Dune bordó el papel de su vida, y para la posteridad quedarán algunos de los momentos más delirantes de la comedia, como la secuencia del billete en el taxi, los cartelitos por toda la casa indicando donde está el cadáver, los porros de césped o el amanecer en las oficinas.
Impagable el modo en el que, a pesar de estar riéndote con una comedia, se va apoderando de ti una extraña desazón… cada vez más impaciente porque el bueno de Griffin consiga las putas llaves de casa.
Morenito de Maracay 
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