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Peter Jackson, o la poesía del exceso
Todos y cada uno de los planos que componen este adorable mamotreto de tres horas repleto de maravillas visuales varias permanecen en la retina del espectador de una forma imborrable, perenne. Más que una película, más que una historia fílmica convencional, el KING KONG de Peter Jackson es una genuina experiencia cinematográfica, el espectáculo definitivo. Todo, absolutamente todo en ella, gira entorno a una visión única y tremendamente personal del cine de aventuras, del cine que maravilla y que no oculta jamás que quiere maravillar. Por lo tanto, a lo largo de su densísimo, magmático desarrollo rebosante de virtuosismo y portentosa imaginación visual, jamás se tiene la impresión de que la materia narrada pueda con el narrador, aunque peque de un cierto mecanicismo en el desarrollo de una historia que, a fin de cuentas, y pese a los colosales esfuerzos de Jackson, su esposa y co-guionista Frances Walsh y la co-guionista Philippa Boyens en crear algo nunca visto, ya se nos ha contado, aunque nunca de una forma tan deslumbrante. Cine clásico, al más puro estilo Hollywood y, por muy contradictorio que parezca, cine de autor. He ahí su mayor virtud en mi opinión.
Joan Ayllón Avia 
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