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Los sueños, sueños son...
Descorazonadora y brutal película que nos muestra con toda crudeza el poder que ejercen las adicciones sobre las personas. Es angustioso el ver como los personajes, (todos excelentes en sus interpretaciones), van pasando, al principio con desbordado optimismo, de la inicial vitalidad e ilusión por sacar sus sueños adelante, a lo que finalmente acabarán consiguiendo a causa de sus respectivas adicciones.
Me encanta como está montada la película, y me parece muy acertada la idea de mostrar la adicción de cada personaje de la misma manera una y otra vez ya que una adicción se trata de eso: de mecánica, de hacer lo mismo siempre y de la misma manera hasta que ya no sabes ni porque lo haces, simplemente, lo haces.
El final es antológico, sin un atisbo de esperanza y es cuando el título de la película adquiere total relevancia, puesto que todos los sueños del principio, todas las ilusiones, se han desvanecido. Para siempre.
No recomendada a quien desee ver dramas con final o moraleja de esperanza. Aquí no la encontrarás.
Deportivista 
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