Scorsese se supera a sí mismo, haciendo un trabajo descomunal detrás de las cámaras. El hecho de que en más de tres horas de metraje el ritmo se mantenga siempre al más alto nivel habla por sí solo. La película supone una cascada continua de imágenes poderosas, encuadres fantásticos, movimientos de cámara imposibles y situaciones cargadas de fuerza. La música (excelente recopilación musical de la época) no para de sonar… y si lo hace, inmediatamente es suplida por la voz en off de uno de los dos protagonistas, que dan una visión distanciada -pero subjetiva a la vez- de la acción. Haciendo honor a su propio título, el filme supone un espectáculo sin igual: desde su “explosivo” inicio (para muchos, la secuencia de De Niro hundiéndose en un infierno de fuego y luces de neón a ritmo operístico supone los mejores créditos de apertura jamás vistos en una pantalla de cine) hasta su demoledor desenlace.
El soberbio reparto merece también una mención especial. Robert De Niro hace gala de una pasmosa seguridad, al igual que su personaje. Joe Pesci sigue en la excelente línea que le valió un merecido Oscar en ‘Uno de los nuestros’… simplemente nació para encarnar este tipo de papeles.
spoiler:
Por su parte Sharon Stone domina a la perfección las diferentes facetes de Ginger, un personaje inevitablemente condenado a un trágico (y merecido) final. El amplio desfile de secundarios de lujo (genial James Woods, por ejemplo) deja huella, y teniendo en cuenta el altísimo nivel al que rinde el trío protagonista, esto es todo un mérito.
‘Casino’ es el retrato de un sub-mundo fascinante, donde la opulencia y el pecado van cogidos de la mano. Es la historia universal sobre la construcción y la posterior caída de un imperio bañado en sangre. Una reflexión sobre la fragilidad del ser humano y lo efímero. Pues en la vida, todo lo que se ha ido amasando a base de trabajo duro, puede perderse sin apenas darnos cuenta… como en cualquier mesa de dados, donde la fortuna es el único juez. Es en definitiva, la eterna tragedia humana.