Algo tendrá el nuevo cine alemán para meterse como “Peeedrooooo” por su casa en los tres últimos años en la ceremonia de los Oscars (“El hundimiento” y “Sophie Scholl: los últimos días” y ahora “La vida de los otros”). Algo para que directores como Fatih Akin o Wolfgang Becker llamen la atención en festivales internacionales. Algo para mandar a “Peeedrooooo” de vuelta a casa.
Ese algo puede estar en la triste historia del capitán Gerd Wiesler o HGW XX/7 para los amigos de la Stasi, que era como una “pacífica” y eficiente Gestapo (salvando innumerables distancias) de la desaparecida RDA.
Ulrich Mühe, al que ya habíamos visto en alguna de Haneke, borda su papel. El de un hombre silencioso y solitario, frío y obediente al que empieza a no encajarle las cosas desde que le es asignada la misión de vigilar mediante escuchas a una pareja de artistas.
En la ópera prima de Florian Henckel-Donnersmarck existe un doble drama: la crítica sociopolítica a los métodos de la policía secreta de la RDA y el drama interior/exterior del protagonista al involucrase demasiado en esa “vida de otros” y desear hacer lo que él piensa que es lo correcto.
No esperen una de espías con ritmo trepidante y acción efectista a raudales. “La vida de los otros” va directo al drama humano de sus protagonistas.
Resulta imposible no sentir pena por la amargada vida de ese personaje que viste con la misma cazadora y que el único contacto humano que encuentra es mediante el sexo de pago, sus aborrecibles compañeros de trabajo y su “otra” familia. Al que le falta un abrazo y algo de cariño por parte de un sistema condenado y a la espera de una caída de muro.
Aunque “La vida de los otros” está bien contada y se hace larga en algunos tramos tiene suficientes alicientes para considerarla más que interesante, pero observo los mismos defectos de este “nuevo cine alemán”: resulta demasiado académica pensando en futuribles premios y cercana a la tv movie. Lastres que en mi opinión evitan que estemos ante una película mayor.
spoiler:
Lo de la tinta roja en el informe sobraba. Creo que el espectador y el dramaturgo ya sabían quién era el “ángel salvador”. Además, ¿¡nadie lee los informes!?:
- Estamos buscando una máquina de escribir con tinta roja.
- ¡Mira! ¡En este informe del caso hay manchas de…… TINTA ROJA!
- ¡Archívalo!
- ¿Qué?
- ¡Qué lo archives, coño! ¡Qué les jodes el final dramático a estos de la película!
Sin comentarios, aunque que buen y eficiente final.