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Un plato de historia bien servido
Enrique VIII solo, vaya y venga, aquí lo que importa es su corte, las intrigas, los tejemanejes de un reinado en el que todo importa, menos el pueblo. Pero bueno, no se trata, ni más faltaba de una visión sociológica de la temporada en el trono de un hombre intersante, orgulloso, depresivo, juguetón y altamente disciplinado en las sábanas de mucamas y bellas mujeres de la corte.
¿Conoces la historia? Sólo conoces el final, pero para conocer el corazón de la historia hay que conocer el principio. Notable desafío narrativo el que se ha impuesto Michael Hirst, llegar a distinguir los primeros coqueteos del rey con Ana Bolena (motivo y desarrollo de esta primera temporada de The Tudors), y aunque de todas maneras él ya había sacado avante la historia de Elizabeth, protagonizada por Cate Blanchett, no es menos dispendioso el ajuar del rey Enrique ni menos laborioso tener el escrito para los capítulos de esta buena serie protagonizada por Jonathan Rhys Meyers.
Si bien, el actor irlandés no lo hace mal, me quedó especialmente con el papel del cardenal Wosley interpretado por el veterano actor Sam Neill. Brillante con su vestuario rojo y sus corporales de oro.
Para quienes gustan la historia, para quienes la degustan la historia, no se queden sin saborear este especial de la mesa inglesa, ataviada por los conflictos con sus vecinos y el encanto de sus mujeres.
Érase un joven rey, valentón, lujurioso y buen deportista, desposado con la reina Catalina de Aragón... y la historia empieza a soberearse. A su lado, hombre que tienen la osadía de decir: "Dile a un hombre lo que debería hacer, no le digas lo que puede hacer. Si un león reconociera su propia fuerza, no habría hombre capaz de controlarlo".
Valetamayo 
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