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Me ha sentao mal el chocolate...
Película extraña, con toques de genialidad pura -las más de las veces debida a la interpretación de los actores que a la dirección de Saura- y algunos de pesadez abrumadora.
En ocasiones Saura se excede con demasiada excentricidad, demasiado surrealismo que se acaba compensando. La historia es original, más o menos, pero por lo que realmente se salva la película es por el trabajo de algunos de los actores.
Es bonito ver cómo aquellos actores españoles anteriormente despreciados hacen un trabajo soberbio, como la genial Rafaela Aparicio y el desequilibrado Fernando Fernán Gómez. La interpretación de Rafela Aparicio es tremendamente emotiva, llena de detalles propios de quien se formó a base de tablas, de dos funciones diarias y de infinidad de pequeños papeles. Fernán Gómez, tres cuartos de lo mismo.
Hay que destacar el nivel dramático de Geraldine Chaplin y el escepticismo argentino de Norman Brisky. A un nivel diferente, Amparo Muñoz está realmente impresionante, una belleza clásica y sugerente, que no pierde el encanto pese a la obligatoria escena de desnudo.
Georgfriedrich 
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