|
La golosina de la felicidad
Nos negamos a ver lo que echan día a día en telediarios y prensa escrita, nos negamos a hablar sobre algo que va más allá de nuestras marítimas fronteras, nos negamos a ver la cruda realidad, nos centramos en una crisis que amenaza fluctuantemente los bolsillos del español.
A día de hoy creo que es el mejor momento para ver esta película. Entraña esperanza y desesperación, infancia y vejez. Como un par de hermanos que no suman ambos ni la quincena de edad pueden transmitir tanta esperanza por dos "vulgares" zapatos y como el espectador medita sobre si nuestra situación económica es tan desesperante como lo es en el país en el que se rueda el film. Como niños de tan corta edad envejecen sus conciencias para adaptarse en un país cegado por misiles y metralla, mientras que el nuestro lo está por la telebasura y el futbol.
Formidable guion y formidable Amir Naji, ambos brillan eminentemente en antítesis con las carencias técnicas del equipo de rodaje. Pobres planos y fotografía son más que compensados por una correcta banda sonora y un susodicho protagonista, Ali, que se mete en el bolsillo al espectador a base de lagrimas y miradas penetrantes.
Como se las ingenian dos niños iraníes para que ambos puedan ir con un calzado al colegio sin que sus padres se enteren es la trama de la obra.
Teñida con un más que categórico neorrealismo el cine vuelve a sus orígenes. Vuelve a las emociones y sentimientos, vuelve a la expresión facial del cine mudo, vuelve a la difícil tarea de hacer llorar a un cinéfilo harto de ver films que respaldan su drama en la muerte de un personaje. ¡Esto es cine!
Duvall 
|